HISTORIA DE TORMON Y SU CASTILLO
TORMON El pueblo está situado en un área de profundos cañones fluviales (Los Estrechos) del río Ebrón y afluentes, excavados en la caliza jurásica, que en algunos tramos superan los 200 m. de pared casi vertical. En la parte noreste predominan las areniscas del rodeno con sus formas características como torres y con abundantes abrigos abiertos por alteración de la misma. La pequeña localidad está situado en medio de un paraje especial y agreste , añadiendo un encanto nuevo, como es la pertenencia a los parajes de Ródeno, más propios de las estribaciones de la Sierra de Albarracín. La población nunca formó parte de la Comunidad de Albarracín o de la de Teruel, porque estuvo siempre vinculada a los Ruiz de Castellblanque y a los Fernández de Heredia desde el s. XIV. El caserío se apiña en torno a un saliente o pitón rocoso, la propia toponimia lo afirma, las raíces celtas del vocablo, un “tur”, nos hablan de un gigante pétreo, semejante a un menhir. Sobre la cima, milagrosamente, se yergue un castillejo, mero torreón, hoy, muy rebajado en altura; tal vez su sentido monumental carezca de importancia, pero plásticamente compone un cuadro de gran belleza y melancolía. En el término de Tormón se localizan algunos de los conjuntos de pintura levantina más interesantes de la provincia, como son los del barranco del Pajarejo, la Cerrada del Tío José o del Tío Jorge en la Ceja de Piezarrodilla. No obstante, los dos conjuntos más interesantes son el Abrigo de las Cabras Blancas y el barranco de las Olivanas. En el primero se representa una escena del acoso y caza de una manada de cabras blancas, contrastando el naturalismo en la representación animal con la estilización de los arqueros. En el abrigo del barranco de las Olivanas aparecen un gran número de figuras humanas, cápridos, toros, etc. en un friso de nueve metros de largo. Dada la amplia gama de colores (blanco, rojo vivo y oscuro, negro) y sus superposiciones, resulta excepcional para la cronología relativa de las representaciones. Solo subsisten uno pocos restos de este castillo musulmán, cuya mención documental data de 1180, cuando formaba parte del pequeño reino taifa de los Banu Razín. Cuando pasa al dominio cristiano a fines del s. XII debió pasar señorio privado pues la localidad fue una de las que no quedaron integradas enla Comunidad de aldeas de Teruel. En 1242 Sancha Pérez de Azagra lo donó a la Orden de Santiago con sede de la Encomienda en Montalbán. El tres de agosto de 1275 Jaime I lo da a su hijo bastardo Jaime, que tuvo con Teresa de Vidaure. Luego la población estaba incluida en el XIV en el señorío de Ruiz de Castilblanque, que luego pasó a los Fernández de Heredia. Cuando la Guerra con Castilla, en 1366, el rey aragonés Pedro IV lo confisca a Gil Álvarez de Espejo que se había rebelado contra su autoridad. El propio entorno del castillo lo hace por si inexpugnable, solo los vestigios rebajados en altura de un torreón cuadrado, que se asienta en la roca del Espolón, que lo sostiene. El acceso era muy difícil, ya que suponía pasar por un estrecho pasadizo en horizontal que desemboca en otro vertical por el que se accedía al interior a través de una escala o escalera de mano, que luego se retiraba. En el pueblo, aun bien entrado el s. XIX se explotaba la famosa mina de hierro y una fábrica de fundición que fabricaba armas y aperos todo ello de gran calidad y muy apreciados. Tormón junta su antigüedad, sus atávicos yacimientos y su paisaje, aflorando el resultado en sus fiestas y tradiciones como en un espejo de otras festividades que vienen de la aurora de los tiempos, una de ellas es “el Judas”. A simple vista es el colofón de una fiesta cristiana hecha en el Domingo de Pascua. Se prepara un muñeco o monigote rellenando con paja el traje, que cubría un armazón de palos sujetando todo con cuerdas o alambres… muchos de estos Judas son pequeñas obras de arte manua´. El muñeco se ponía en la calle e la Iglesia en su parte mas angosta y se le prendía fuego. El significado para los que no están en el “secreto” es la quema del apóstol traidor pero para los “iniciados” es una manifestación de la fiesta céltica del fuego, que limpia y purifica las almas, que las refina y regenera, las aquilata. Hay quien piensa que esta curiosa costumbre tiene mucho de historia revestida de teatro… nos remontamos a la Edad media, al siglo XIV, tiempo convulso para estas tierras, en lucha Castilla y Aragón, el castillo de Tormón está a cargo de GilÁlvarez de Espejo. Pedro el Ceremonioso, estaba en estos momentos necesitado de más efectivos bélicos solicitados a los señores y a las ordenes Militares, esto hizo con Tormón, una y otra vez; pero no obtuvo respuesta del Comendador. Pedro no solo tenía que hacer frente al castellano sino a una rebelión en su propio reino. El ejercito del rey de Aragón sitiará el poblado y su castillo, que no era posible rendir, por mas refuerzos que venían y ofensivas que se lanzaban contra él, todo era en vano. Esto minaba la moral de las tropas reales y enardecía a los rebeldes. Pero el 24 de marzo de 1366 un caballero traidor envió la solución a los sitiadores, facilitándoles un plano para acceder al interior del castillo a través de la Iglesia; era como un acertijo, tenían que esperar a que el último rayo de sol del espolón se reflejara en la campana y señalase un hueco bajo una ojiva donde estaba un resorte en piedra que abría y cerraba la galería subterránea. El castillo fue tomado, el comendador rebelde destituido y llevado a Albarracín. El caballero traidor, de noble casa, confesó que había vendido el castillo y a sus compañeros por despecho lo primero y porque le habían prometido una villa; pues su amada años atrás había preferido a Gil Álvarez. El pactó con las fuerzas del mal, creyendo que le vendrían grandes beneficios amen de rendir a la mujer que no le correspondía. Tristemente, no fue así. El pueblo fue quien hizo justicia, ellos mismos lo capturaron, lo ataron de un poste y prepararon una gran pira, allí mismo, al lado de la puerta de la Iglesia, donde quemaron a aquel felón.” Pero no nos quedemos con una sensación triste… Entre las localidades de Tormón y el Cuervo, que no tiene castillo, discurre el río Ebrón, haciendo surcos y caminos por entre las rocas, formando una caprichosa arquitectura: saltos, puentes naturales, cuevas…recubierta por un tapiz de vegetación abundantisima… hemos encontrado el Paraíso en esta tierra, donde uno puede escuchar la perfecta sinfonía de la naturaleza que quiere conectar con nuestra sensibilidad y transformarnos… Dejemos que el poeta ponga el punto final a nuestro viaje, en el que hemos puesto nuestros cinco sentidos, formado parte de esta tierra y de sus gentes, rebuscando en el recuerdo del pasado pero viviendo este presente cara al futuro… “Lazo de tierra que anuda A un ibérico paisaje Y a mi pensamiento ayuda, Hacer de versos tu traje; Que el recuerdo es algo así Como un rumor que se cuela, O como un panal que enmiela Este Edén que guardo en ti”… Ricardo Fombuena “VIDAMOR”. Madrid 2006. Idea, texto y fotografías: Sonsoles Moreno Mayoral Octubre -2006 Texto extraído del libro Castillos de la Comarca de Teruel. Página web de la Comarca Comunidad de Teruel
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